La había pasado preparándose.
Dentro había una carta formal: clara, estructurada, devastadora.
Había contratado a un abogado.
Estaba iniciando los trámites de separación.
Se mudaba.
La cuenta conjunta sería congelada.
Y todo —declaraciones fiscales, propiedades, transacciones— estaba documentado.
No eran conjeturas.
No eran emociones.
Evidencia.
Ethan la llamó.
No contestó.
Otra vez.
Nada.
Entonces llegó un correo electrónico de su bufete.
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