Mi marido mantuvo su oficina cerrada durante 40 años, y dentro había algo que destruyó a nuestra familia para siempre.

¿Y si dejó algo más que un simple trozo de papel?
¿Y si hay gente allí que todavía tiene miedo?

Etapa 5: La llamada que confirmó: el monstruo está muerto, pero sus rastros siguen vivos
Pavel y yo estábamos sentados en la cocina. La oficina estaba detrás de nosotros, como una herida abierta que no se podía vendar.

Sujeté el teléfono y miré el número que encontré en una de las carpetas, junto al nombre "Inna L."

Pavel negó con la cabeza:

"Mamá, no."
"Sí", respondí.

Marqué.

Un pitido largo. Luego, una voz de mujer, cautelosa, recelosa:

"¿Hola?"

"Hola... ¿Eres... Inna?"
Una pausa.
"¿Quién llama?"

Respiré hondo:

"Me llamo Elena. Yo... era la esposa de Dmitry."

El silencio se hizo más denso.

"...¿Murió?", preguntó finalmente.
"Sí."

Y entonces la mujer al otro lado de la línea no dijo "condolencias". Exhaló, como si le hubieran soltado una soga.

"Por fin."

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