Mi marido mantuvo su oficina cerrada durante 40 años, y dentro había algo que destruyó a nuestra familia para siempre.

Se me hizo un nudo en la garganta.

"¿Qué hacía?", pregunté. "¿Quién era?"

Inna hizo una pausa y luego habló en voz baja pero rápida, como alguien que había guardado silencio durante años y ahora temía volver a callar.

"Él no trabajaba 'en la administración'. Él era... quien resolvía los problemas. Deudas. Personas. Negocios. Descubría los puntos débiles. Les hacía firmar. Lo anotaba todo. Y si alguien intentaba resistirse, les facilitaba la desaparición."
"Desaparecer...", repetí, mareada.
"Él no 'mataba'." No. Arruinó reputaciones. Destruyó familias. Plantó documentos. Supuestos 'testigos'. Le encantaba que la gente implorara clemencia.

Pavel se cubrió la cara con las manos.

Inna añadió:

"Y tú... tú eras su... 'escaparate'. Una buena esposa. Un hogar. Un hijo. Me estaba mostrando: 'Mira lo bien que estoy'. Y todos estábamos asustados, porque nadie habría creído que una persona tan 'modelo' pudiera ser así..."

Colgué y me quedé inmóvil un buen rato.

Pavel dijo con voz ronca:

"Mamá... vivíamos en un plató".

Asentí.

"Sí".

Etapa 6: La elección de Elena: callar, como él pedía, o hablar, como exigían los rostros en la pared.

No pude dormir esa noche. Las fotografías aparecieron ante mis ojos. "Rechazo". "Pérdida". "Olvido".

En la carta, pedía: «No se lo muestres a Pavel».

Pero ya era demasiado tarde.

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