Mi marido mantuvo su oficina cerrada durante 40 años, y dentro había algo que destruyó a nuestra familia para siempre.

Ahora la pregunta era diferente: ¿debería mostrárselo al mundo? ¿O cerrar la puerta y seguir viviendo como si nada hubiera pasado?

¿Y no pasó nada?

Me acerqué a la oficina. Estaba abierta de par en par. Y de repente lo tuve claro: si la cierro ahora, volveré a ser un "proyecto". Y si no la cierro, me convertiré en un ser humano.

Por la mañana, le dije a Pavel:

"Iremos a la policía".
Hizo una mueca:
"Mamá... puede que..."
"Que así sea. Pero no guardaré sus trapos sucios como un secreto familiar".

Recogimos las carpetas, la memoria USB, las cartas. ¡Vamos!

Y por primera vez en cuarenta años, no me sentí como la esposa de un "gran hombre", sino como una mujer que elige la verdad.

Epílogo: Cuando se abrió la puerta, la ilusión se cerró.
Pasaron varios meses. La investigación fue difícil; Dmitry lo había pensado todo detenidamente. Muchos documentos estaban "al borde del abismo", muchos testigos tenían miedo de hablar. Pero lo más importante ocurrió: la gente empezó a recordar. Empezaron a venir. Empezaron a reconocerse en las fotos.

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