Mi marido me dijo: «No discutas». No discutí; dejé de estar de acuerdo.

"¿Podríamos hablar de esto?", sugirió con cautela una noche.
Lo miré con una expresión angelical.
"No quieres discutir. Simplemente estoy de acuerdo."
Por primera vez, la comprensión brilló en sus ojos.
El clímax llegó de forma inesperada. Maxim decidió encargar un armario para el pasillo. Él mismo. Sin ninguna "distorsión vectorial".
"Soy un hombre, lo averiguaré", dijo con seguridad al teléfono de la mueblería.

"Por supuesto", respondí.
El armario llegó un mes después. Enorme. Cerezo oscuro. Con un espejo en un marco dorado digno de un palacio barroco. Encajaba en nuestro luminoso y minimalista pasillo con la misma perfección que un acordeón de botones en un cuarteto de cuerda.
"¿Y bien?", preguntó Maxim, con menos solemnidad.
Examiné el monumento con atención.
"Impresionante. Muy... dominante".
Examinó lentamente el espacio. Luego el armario. Luego el espacio de nuevo.
"Olya", dijo finalmente, "¿quizás deberíamos discutir las soluciones juntos?".
Ajusté el espejo con cuidado, reflejando su aspecto ligeramente abollado, pero ya con los pies en la tierra.
"¿Quieres discutir?", pregunté en voz baja.
Suspiró profundamente.
"Quiero una colaboración".
Por fin sonreí de verdad.
"De acuerdo", dije. "Solo ten en cuenta: la colaboración es cuando los vectores a veces cambian de dirección".
Desde entonces, Maxim ha vuelto a caminar, no a marchar. Ya no lleva corbata para cenar. Y a veces incluso pregunta:
"Olya, ¿qué te parece?".

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.