Mi marido me dijo: «No discutas». No discutí; dejé de estar de acuerdo.

Pasaron un par de meses más. Maxim aún lograba combinar su "vector de director" con la vida cotidiana. A veces me sorprendía pensando que el hábito de su patetismo persistía, pero ahora era más divertido que intimidante. Una noche, de repente, se paró en la puerta de la cocina, con los ojos muy abiertos y una sonrisa misteriosa en el rostro:
"Olya... tú y yo vamos a hacer un pequeño experimento". "¿Y qué es este 'experimento' esta vez?", pregunté con cautela, mientras colocaba los platos.
"Tú estarás al mando", anunció con solemnidad. "Quiero sentir lo que se siente al seguir tu ejemplo".
Hice una pausa, con medio bocado en el aire. Mi corazón dio un ligero vuelco de sorpresa.
"¿Solo por ciencia?", aclaré.
"Por supuesto. Una disciplina científica. Una prueba puramente práctica de tu eficacia como gerente".
Asentí y sonreí: por fin, mi bestia estratégica interior tenía vía libre.
"De acuerdo", dije. "Empieza el experimento mañana por la mañana".
Y así comenzó el primer "día de trabajo bajo mi dirección". Se esperaba que Maxim siguiera todas mis instrucciones. Cosas sencillas: desde organizar los armarios hasta programar la colada.
La primera tarea fue trivial: "Primero, lava los platos, luego ventila el apartamento". Maxim intentó hacerlo con aires de general en desfile, pero ni siquiera su postura seria pudo evitar que el agua salpicara accidentalmente sus pantalones nuevos. "¡¿Qué clase de caos es este?!", exclamé, intentando reprimir una sonrisa.
Intentó justificarse desesperadamente:
"¡Todo es metodología científica, error experimental!". Asentí con seriedad. "Sigamos".
Después de unas dos horas, Maxim empezó a comprender que seguir el vector de otro no significa sentirse libre. Y, sorprendentemente, un ligero destello de respeto apareció en sus ojos.
"Olya...", dijo en voz baja, "lo gestionas mejor de lo que pensaba".
Sonreí: la primera victoria de mi "vector".
"Entiendes", respondí, "que la colaboración es cuando se pueden alternar roles".
"Sí", admitió. "Y... funciona". Esa noche, mientras cenábamos (sin corbata, solo pantalones), Maxim dijo en voz baja: "Gracias por el experimento. Ahora lo sé: a veces ser seguidor es tan importante como ser líder".
Asentí y le serví un plato de pescado.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.