“¡No puedes dejarme así!”, gritó Curtis detrás de mí, arrastrándose hacia adelante. “¡¿Qué se supone que debo hacer?!”
Hice una pausa sin darme la vuelta.
“Recibirás dos mil dólares al mes, Curtis”, dije con calma. “Te sugiero que aprendas a administrar un presupuesto. O quizás busques un trabajo. He oído que siempre hay puestos de cuidador disponibles. Podrías aprender lo que realmente significa cuidar a alguien.”
Salí. La luz del sol se sentía irreal. El aire sabía a nuevo, no por el dinero, aunque importaba, sino porque por fin se había hecho justicia.
Me subí a mi coche. Ya no era un lugar de lágrimas, sino el comienzo de algo nuevo. Mientras me alejaba, vi a Curtis en el retrovisor: salía tambaleándose del edificio, gritando al teléfono y culpando a alguien más.
Sonreí.
Su sonrisa se había ido para siempre.
La mía apenas comenzaba.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
