Zelica se sentía como un fantasma, invisible, inexistente.
Abrió la cartera que Quacy le había tirado. Dentro había unos diez dólares en efectivo, ni siquiera suficiente para una noche en un motel barato a las afueras.
Sacó su teléfono. Batería al 5%.
Se apresuró a abrir la aplicación de banca móvil de su cuenta conjunta. Saldo: cero.
Quacy la había vaciado, vaciando hasta el último dólar que tenían juntos, incluyendo también los ahorros que Zelica tenía antes de casarse.
Una fría y profunda desesperación la envolvió. Todo había terminado. Había tocado fondo. Esta noche se quedaría sin hogar.
Las lágrimas caían sin emitir sonido alguno.
Volvió a mirar el contenido de su billetera. Detrás de la ranura para tarjetas había una foto descolorida, una foto de su padre. Su padre, Tendai Okafor, un sencillo agricultor y comerciante de tabaco que murió diez años antes de que Zelica se casara con Quacy.
Y detrás de esa foto había algo más.
Los dedos temblorosos de Zelica la sacaron. Una tarjeta de débito azul descolorida que ya se estaba descascarando por los bordes. El logotipo era apenas legible: Heritage Trust of the South, un pequeño y antiguo banco regional.
Zelica estaba atónita. Ahora recordaba que su padre le había dado esta tarjeta cuando tenía diecisiete años, cuando se mudaba por primera vez para ir a la universidad en Spelman.
"Quédate con esto, mi niña", le había dicho su padre entonces, con un tono cariñoso. Su voz era suave pero firme. "Esta es una cuenta que papá creó para ti. Nunca la uses a menos que sea absolutamente necesario. No la mezcles con dinero para tus gastos. Imagina que no existe".
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