Daniel miró mi teléfono.
—Eso fue mejor que cualquier escena.
—No quería una escena.
—A veces la verdad la crea de todos modos.
Nos quedamos allí un momento más, dos extraños, unidos por el mismo colapso.
Entonces se acercó un aparcacoches.
—¿Señora Bennett?
Me entregó la bolsa de regalo.
Vacía.
El reloj había desaparecido.
Claro que sí.
Por un instante, me dolió.
Entonces sonreí.
Que se lo quede.
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