El médico mencionó los años proyectados: pérdida temprana de memoria, dificultad para reconocer rostros, etapas avanzadas. Los mismos años escritos en los cuadros.
Henry me había estado pintando con antelación, preservando quién era antes de que lo olvidara.
Entré. "¿Así que soy la mujer de las paredes?"
Parecía destrozado. "No quería que lo descubrieras así".
Lo sabía desde hacía cinco años: Alzheimer en sus inicios.
Pensé en momentos recientes: olvidar por qué entré en una habitación, forcejear con una receta conocida, olvidarme del nombre de un nieto.
"Te has estado preparando para el día en que te olvide", dije.
"Si me olvidas", respondió, "lo recordaré por los dos".
Esa noche me enseñó los cuadros. Nuestro primer encuentro. Nuestra boda. El nacimiento de nuestros hijos. Luego los futuros: yo confundida, distante.
En un lienzo fechado en 2032, había escrito:
"Aunque no sepa mi nombre, sabrá que la amo". Debajo, escribí:
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