Luego:
«Voy a duplicar la dosis».
Y finalmente:
«Para el lunes, seré viuda».
Se rió.
La misma risa que Sophie había descrito.
Eso fue todo lo que la policía necesitó.
Al amanecer, llegaron.
Margaret abrió la puerta, confundida.
Entonces me vio: de pie, viva.
Su rostro cambió al instante.
Conmoción.
Luego, rabia.
«Lo sabías», dijo.
Sophie estaba a mi lado.
La expresión de Margaret se torció.
«Esa mocosa me oyó», espetó.
Algo dentro de mí se endureció.
«Sophie me salvó la vida», dije con calma.
Margaret gritó mientras se la llevaban.
No de miedo.
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