Mi novio me propuso matrimonio después de solo 4 meses de noviazgo; cuando descubrí el motivo, me temblaron las rodillas.

Laura soltó una risa corta y amarga. —Como siempre. Eligiendo la salida fácil.

—¿Qué quieres decir?

—Me debe dinero. Mucho. Deuda de nuestro matrimonio. Llevo más de un año intentando cobrarla. Abogados, notificaciones, planes de pago… de todo. Su solución eres tú.

—¿Qué?

Laura me miró a los ojos. —Tienes un buen trabajo. Una casa bonita. Buen historial crediticio. Estabilidad. Una vida ya construida. Se casa contigo y eso pasa a ser suyo.

Se me secó la garganta.

—Y para que lo sepas —añadió—, le dije que casarse con dinero no es la solución. Le dije que buscara trabajo y me pagara como es debido.

—¿Perdón? —dije—. Tiene trabajo.

Me miró con algo parecido a la lástima. —No, no lo hace. Lo despidieron por malversación de fondos de la empresa cuando estábamos casados. Desde entonces, ha estado a la deriva.

—Eso no es cierto. Trabaja…

—¿Dónde? ¿En qué? —preguntó—. ¿Cómo se llama su jefe? ¿Con quién trabaja? ¿Qué es lo peor de su día?

No tenía respuestas.

Laura sacó una pila de papeles de un cajón y me dio uno.

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