la cocina, pero se detuvieron abruptamente cuando mis tacones resonaron en el piso de mármol del vestíbulo. Susana, la voz de Renato sonaba incrédula, casi esperanzada.
Sí, ya regresé. Los pasos se precipitaron hacia mí desde múltiples direcciones. Primero apareció Renato con ojeras profundas y el cabello despeinado, claramente habiendo pasado días sin dormir bien. Detrás de él venía Marlen, pero era una Marl que nunca había visto antes.
Sin maquillaje, con la ropa arrugada, los ojos hinchados de llorar. Mamá. Renato se acercó como si fuera a abrazarme, pero se detuvo abruptamente cuando vio mi expresión. Gracias a Dios que regresaste. Tenemos que hablar. Oh, vamos a hablar, pero no solos. En ese momento aparecieron los miembros de
la familia de Marlen, Elías con su presencia imponente y su rostro serio.
Griselda, con una carpeta llena de documentos. Evely y Enrique, ambos con expresiones de profunda decepción. Señora Susana, Elías se acercó y me extendió la mano respetuosamente. Es un honor conocerla finalmente. Lamentamos profundamente haberla conocido bajo estas circunstancias. El honor es mío,
Elías, y no se preocupen por las circunstancias. A veces la verdad necesita salir a la luz de manera dramática.
Marlen finalmente encontró su voz, aunque sonaba quebrada y desesperada. Susana, por favor, tenemos que aclarar todo este malentendido. Mi familia está confundida por algunos documentos que aparentemente no hay malentendidos, Marlen. Hay hechos y es hora de que todos conozcamos los hechos completos.
En ese momento, el timbre sonó.
Era Roberto, mi abogado, llegando puntualmente como había prometido. Perfecto, Timín, murmuré dirigiéndome a abrir la puerta. Roberto, gracias por venir. Creo que todos estamos listos para la conversación que hemos estado posponiendo durante años. Roberto entró con su portafolio profesional,
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