Mi padrastro me crio como si fuera su hijo después de que mi madre falleciera cuando tenía 4 años. En su funeral, las palabras de un hombre mayor me llevaron a una verdad que me habían ocultado durante años.

De perderte. Le dije que esperara... que dejara pasar la tormenta. Pero se subió al coche de todos modos.

Debería haberla detenido.

Después del accidente, Sammie lo volvió a intentar. Envió cartas, contrató a un abogado y dijo que no tenía derecho a reclamarte. Pero tenía los papeles. Tenía esta carta de Carina; ya la verás.

"Si pasa algo, no dejes que se la lleven".

Te mantuve a salvo, Clover. No porque la ley me diera el derecho, sino porque tu madre confió en mí. Y porque te quería más que a nada.

No quería que crecieras sintiéndote como la propiedad en disputa de alguien. Nunca fuiste un expediente.

Eras mi hija.

Pero quiero que tengas cuidado con Sammie. No es tan dulce como quiere hacerte creer.

Espero que entiendas por qué me quedé callada.

Con cariño,

Papá.

**

Las páginas temblaban en mis manos.

Dentro del sobre había un borrador completo de los documentos de tutela, firmados tanto por Michael como por mi madre. El sello notarial en la parte inferior era nítido y oficial: todo estaba preparado.

Luego desdoblé una carta escrita con la letra precisa y cortante de la tía Sammie.

Afirmaba que Michael era inestable. Que había consultado con abogados. Que «un hombre sin parentesco consanguíneo con el niño no puede brindar la orientación adecuada».

Nunca se trató de mi seguridad.

Se trató de poder.

Debajo de eso yacía una hoja arrancada del diario de mi madre.

Escrita a mano por ella, decía:

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