Mi padrastro me pegaba todos los días para entretenerse. Un día me rompió el brazo, y cuando me llevamos al hospital, mi madre dijo: «Fue porque se cayó de la bicicleta sin querer». En cuanto el médico me vio, cogió el teléfono y llamó al 911.

Dos agentes llegaron rápidamente. Uno de ellos, el agente Moreau, me miró el brazo, luego a Stefan y luego a mi madre.

"Señor, un paso al frente".
Stefan se burló: "Esto es ridículo. Se cayó".

El agente Moreau no discutió. Simplemente volvió a preguntar: "Señora, ¿me lo confirma?".

Nadine dudó, mirando a Stefan y a mí. Luego susurró: "Sí... se cayó".

Sentí un nudo en la garganta que me dolió. Pero pensé en irme a casa.

Pensé en cómo la puerta de mi habitación parecía una cerradura desde dentro.

Y oí mi propia voz, temblorosa pero clara.

"Eso no es verdad".
La habitación se quedó en silencio.
"Él hizo esto. Y no es la primera vez".
Tragué saliva. "Por favor... no me hagas volver".

Parte 3 — La primera decisión que tomé
El agente Moreau asintió lentamente, como si hubiera estado esperando que la verdad encontrara un lugar seguro donde aterrizar.

"Gracias por decírnoslo", dijo. "Aquí estás a salvo".

Stefan hizo un movimiento repentino, pero el segundo agente intervino de inmediato, controlado y rápido. La confianza de Stefan se derrumbó en ruido: palabras que ya no lo ayudaban.

Nadine se hundió en una silla, llorando, repitiendo fragmentos que sonaban a excusas incluso para ella.

El Dr. Klein se quedó cerca de mi cama y me habló en voz baja, como si quisiera que mi sistema nervioso finalmente se relajara.

"Hiciste lo correcto, Elise".

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