"Mereces estar a salvo".
Una trabajadora social, Sara Lind, llegó con una manta cálida y una voz firme.
"No vas a volver esta noche", prometió. "Lo solucionaremos todo, paso a paso".
Las semanas siguientes fueron difíciles: reuniones, preguntas, papeleo, terapia, pero por primera vez, los adultos que me rodeaban estaban haciendo lo que se supone que deben hacer los adultos: proteger a una niña.
Nadine intentó disculparse. Dijo que "no sabía qué hacer". La escuché una vez y luego respondí la única verdad que importaba.
"Podrías haberme protegido".
Más tarde, cuando el juez me preguntó dónde quería vivir, mi corazón latía tan fuerte que apenas podía oírme.
Miré a las personas que habían acudido, día tras día, sin necesidad de que les suplicaran.
Y dije: «Quiero quedarme donde estoy a salvo».
No fue venganza.
Fue supervivencia.
Y fue la primera decisión que tomé por mí misma.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
