Mi padre me rompió los dedos con un martillo por preguntar por qué mi hermana comía bistec y yo comía sobras.

También hablé con Sophie, la hija de Camille, la chica con la que me había pasado la infancia comparándome.

Y por primera vez, escuché su versión sin el guion familiar.

Confesó que había vivido bajo la presión constante de ser perfecta, como si un solo error pudiera hacer que todos se arrepintieran de haberla acogido.

Me miró y dijo en voz baja:

"Siempre sentí que tenía que ganarme mi lugar".

Y me impactó profundamente que el mismo secreto que me hacía sentir rechazada la hiciera sentir a ella como una impostora.

Dos chicas creciendo bajo el mismo techo, ambas inseguras, por razones opuestas.

No porque faltara amor.

Porque sí, había honestidad.

H3: Lo que llevo adelante

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