Mi suegra me empujó a un pozo seco para matarme. Pero en el fondo del pozo, jamás imaginé encontrar un cofre lleno de oro dejado por los antepasados de mi esposo… junto con un testamento que decía que quien lo encontrara se convertiría en el heredero legítimo.

Mi nombre es Lucía Herrera, y nunca imaginé que mi propia suegra, Carmen Roldán, intentaría matarme.
Ocurrió un domingo por la tarde, en las antiguas tierras familiares de mi esposo, Javier Roldán, en un pueblo seco de Castilla.

Desde el primer día, Carmen me despreció. Constantemente decía que yo era “una extranjera sin sangre noble” y que no merecía llevar el apellido Roldán. Javier lo sabía, pero siempre me pedía que lo soportara.

Ese día, Carmen me pidió ayuda para “inspeccionar el viejo pozo del olivar”. Dijo que podía derrumbarse y que necesitaba una linterna. Dudé, pero aun así fui con ella. El pozo llevaba años seco; los ancianos del pueblo lo recordaban como un lugar abandonado desde hacía décadas.

Cuando me incliné para mirar hacia adentro, sentí de pronto un empujón violento por la espalda. Caí varios metros, golpeándome las costillas contra las paredes de piedra, hasta quedar atrapada en el fondo.

Desde arriba, escuché su voz fría:
“Así se corrigen los errores.”
Luego… silencio.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.