No romantizo el final. Hay noches sin dormir y pérdidas irreparables. Pero también hay responsabilidad, reparación y futuro. Si esta historia enseña algo, es que el silencio protege al agresor, y que la ley —cuando se enfrenta con pruebas y valentía— puede defender incluso a quienes parecen no tener nada.
Si llegaste hasta aquí, te invito a reflexionar:
- ¿Crees que la familia lo justifica todo?
- ¿Denunciarías a alguien cercano si intentara hacerte daño?
- ¿Hasta dónde llega tu idea de justicia cuando choca con la tradición?
Comparte tu opinión en los comentarios y difunde esta historia si crees que puede ayudar a otros a reconocer señales de peligro y buscar apoyo.
Tu voz importa… como importó la mía aquel día, en el fondo del pozo.
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