Planee que ella misma acabara su propia tumba.” Cuando confrontó a mamá esa noche con toda la evidencia financiera, yo ya sabía exactamente lo que iba a pasar. Me quedé en mi oficina hasta muy tarde, asegurándome de tener una cuartada perfecta. Y Gabriela, tu hermana pequeña. Por primera vez Ricardo mostró una emoción genuina, pero no era remordimiento, era fastidio. Gabriela era un problema que crecía cada día. Papá la adoraba. Le había prometido que la reconocería legalmente cuando cumpliera 18 años.
Eso significaba que mi herencia se reduciría a la mitad. Rosario se cubrió los ojos soyosando. La niña Gabriela lo amaba tanto, señor Ricardo. Siempre le decía que usted era su hermano mayor favorito y yo la odiaba cada día más, respondió Ricardo sin inmutarse. El día que murió, yo estaba jugando con ella en el segundo piso. Le propuse un juego, ver quién podía pararse más cerca del borde de las escaleras sin caerse. El silencio que siguió fue absoluto.
hasta Esperanza miró a su hijo con horror. Ricardo, ¿tú empujaste a Gabriela? La empujé directamente. Tenía 8 años. Confiaba en mí completamente. Cuando cayó rodando por las escaleras, bajé corriendo y grité pidiendo ayuda. Mamá llegó primero y entendió inmediatamente lo que había pasado. Desde ese día fuimos verdaderos socios. Camila se desplomó en una silla incapaz de procesar tanta maldad concentrada en una sola familia. ¿Y conmigo? ¿Qué era yo para ti? Ricardo la miró con una ternura falsa que resultaba más terrorífica que su crueldad.
Tú eras perfecta, Camila, humilde, enamorada, fácil de manipular. Durante dos años fuiste la esposa ideal. Pero cuando te embarazaste, cuando empezaste a hablar de los derechos del bebé, de cómo íbamos a cambiar nuestros testamentos, planeaste que tu madre me matara. Planeée que tuvieras un accidente, pero no esperaba que sobrevivieras y recordaras lo que había pasado. Eso fue imprevisto. El comandante Vázquez se acercó a Ricardo con las esposas preparadas. Ricardo Mendoza queda arrestado por complicidad en 15 asesinatos premeditados.
fraude, falsificación de documentos y 16 asesinatos interrumpió una voz desde la entrada del comedor. Todos voltearon hacia la puerta. Ahí estaba parada una mujer de unos 40 años, elegantemente vestida, con lágrimas corriendo por sus mejillas. ¿Quién es usted?, preguntó el fiscal. Mi nombre es Paloma Vega Herrera. Soy hermana de Isabela Ramírez y vengo a confesar que durante los últimos 5 años he estado investigando privadamente la muerte de mi hermana. Sacó de su bolso una grabadora digital. Tengo en esta grabación la confesión completa de Ricardo Mendoza sobre cómo planeó el asesinato de Isabela.
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