"Conozco a Anna desde hace tres años. Y, francamente, a menudo he sido injusta con ella. Muy injusta". Hizo una pausa, y en ese momento Denis miró a su madre como si nunca la hubiera oído usar la palabra "injusta". "Creía que lo entendía todo sobre las personas. Que veía quién valía qué. Hoy me di cuenta de que estaba equivocada".
Anna se quedó paralizada.
Su suegra se volvió hacia ella.
"Anya, no solo eres una buena esposa para mi hijo. Eres una persona que deja huella. Una de verdad". Y me... avergüenza haber visto solo tus sueldos, y no tu calibre.
La sala quedó en completo silencio.
Piotr Serguéievich sonrió como si hubiera esperado este momento durante mucho tiempo, casi perdiendo la esperanza.
"Brindo por ti", continuó Vera Nikolaevna. "Por tu trabajo. Por tu carácter. Y... por tu paciencia. Porque tuviste más de la que merecía".
Levantó su copa.
"Feliz cumpleaños, Anna".
Esta vez, los aplausos fueron diferentes: no entusiastas, sino cálidos, incluso respetuosos. La gente comprendió: algo importante y excepcional acababa de suceder. No un milagro, no. Simplemente un hombre adulto admitiendo su error en voz alta.
Denis apretó la mano de Anna por debajo de la mesa.
"Estoy orgulloso de ti", susurró.
Anna se volvió hacia él y respondió con la misma calma:
"Entonces protégeme, no solo en un susurro".
Bajó la mirada y asintió.
"Entendido".
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