Mi suegra pensó que yo era una carga hasta que vio quién vino a mi fiesta de cumpleaños.

"Podemos intentarlo", dijo finalmente. "Pero 'diferente' significa nada de humillación. Nada de comparaciones. Nada de 'tres sueldos de Anya'".

Las mejillas de su suegra se sonrojaron levemente.

"Lo entiendo", asintió. "Te lo mereces".

Y eso fue quizás lo más sincero que Anna le había oído decir en todos estos años.

Etapa 5. El brindis de la suegra, que nadie esperaba
Cuando regresaron al salón, el maestro de ceremonias estaba a punto de anunciar un interludio musical. Pero Vera Nikolaevna levantó la mano de repente.

"¿Puedo hablar?", preguntó.

Denis se sorprendió tanto que casi dejó caer el tenedor.

"¿Mamá?"

"Un poco", dijo, y se levantó.

El salón quedó en silencio. Muchos ya se habían dado cuenta de que habían salido juntos al pasillo y habían regresado de alguna manera diferentes: sin las sonrisas forzadas, sin la frialdad anterior.

Vera Nikolaevna sostuvo el vaso con ambas manos, como si pesara más de lo habitual.

"No soy... una experta en oratoria", empezó. "Aquí tenemos diferentes especialistas".

Una leve risa recorrió la sala y la tensión se disipó.

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