Y entonces se rió. Primero suavemente. Luego con fuerza.
"Vale", dijo entre risas, "creo que me lo merecía... por no detenerla".
Sonreí.
"La próxima vez, quizá elijas a la mujer adecuada para sentarte a mi lado".
Las risas se apagaron, pero la energía en la sala había cambiado. Como si todos pudieran respirar con más tranquilidad. Algunos invitados alzaron sus copas hacia mí. Otros me miraron con asombro.
Ryan se levantó lentamente, se pasó una mano por la cara y miró hacia la puerta por la que había desaparecido su madre.
Dudó.
"Adelante", susurré.
Asintió y caminó por el pasillo.
Diez minutos después, regresó, más tranquilo. Detrás de él, Caroline caminaba con los hombros hundidos y los labios fruncidos. Su maquillaje se había corrido. Probablemente, también su dignidad.
Ryan la guió hacia mí, con las manos apoyadas en sus hombros.
"Mamá", dijo con firmeza, "Te quiero. Siempre te querré. Pero hoy no se trata de 'nosotros'. Somos Lily y yo. Y si queremos ser una familia, tenemos que empezar por respetarnos".
Parpadeó. Por una vez, nada de sarcasmo. Nada de comentarios mordaces. Nada de risas forzadas. Solo... silencio.
Entonces tragó saliva y susurró:
"Tienes razón. Me pasé".
No fue mucho. Pero fue un comienzo.
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