Cada foto era más absurda que la anterior.
La sala quedó en silencio.
Entonces alguien sorbió por la nariz. Un hombre al fondo, probablemente un testigo, soltó una carcajada que intentaba contener. Una dama de honor rió disimuladamente.
Y en pocos segundos, toda la sala estalló. Una carcajada colectiva, como una ola. La gente se agarraba el estómago, otros se enjugaban las lágrimas. Los primos de Ryan reían histéricamente. Dos de sus tíos chocaron las manos, doblados en dos.
Incluso Megan, cerca del DJ, se tapó la boca para no reírse demasiado fuerte.
Y entonces llegó la diapositiva final.
Fondo blanco. Texto negro, simple:
**“El amor verdadero puede sobrevivir a todo… incluso a una tercera persona en la foto.”**
La sala aplaudió. Algunos incluso gritaron. Los invitados buscaron a Caroline con la mirada, ansiosos por ver su reacción.
Al principio, no se movió.
La vi, y el color desapareció de su rostro antes de volver a un rojo intenso. Se levantó, rígida, murmuró algo —probablemente de mal gusto— y salió furiosa de la habitación.
Ryan, en cambio, se quedó paralizado, como un hombre atropellado por un autobús lento.
Me recosté en la silla, tomé un largo sorbo de champán y crucé las piernas.
Ryan se giró hacia mí.
Por primera vez ese día, me miró *de verdad*. No con su sonrisa paciente. No con esa mirada que le rogaba que no armara lío. Esta vez, había algo más.
Comprensión.
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