Sabes cómo te ha tratado Julian. Sabes cuál es tu lugar aquí. Fuiste un lapsus de juicio, una fase que por fin ha superado.
Abrió un cajón y sacó un cheque. Lo arrojó sobre el escritorio. Se deslizó hacia mí, ligero como una pluma, pesado como una montaña.
120.000.000 dólares.
"No perteneces a su mundo", dijo. "Toma esto, firma los papeles y desaparece. Esto es suficiente para que tú y tu patética familia vivan en el lujo el resto de sus vidas".
El insulto me dolió como una aguja. Me tembló el cuerpo. Miré a Julian, buscando una chispa de algo. ¿Arrepentimiento? ¿Culpa? ¿Un solo recuerdo de las noches que pasamos juntos?
Nada. Ni siquiera parpadeó.
Mi corazón se apagó en ese instante.
Tres años de paciencia y devoción se redujeron a un "error de juicio" de 120 millones.
Sentí un sabor amargo en la garganta y me lo tragué. Miré a Arthur y, para su sorpresa, no grité. No supliqué.
Sonreí.
Me puse la mano en el estómago, donde cuatro pequeñas vidas empezaban a echar raíces. La sorpresa que llevaba tres días esperando contarle a Julian.
Ahora, era un secreto que me llevaría a la tumba.
"Bien", dije.
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