Porque cuando la madre entra en escena, es porque ya siente que está perdiendo el control.
Respondí:
“Soy el hombre que rescató a tu nuera del suelo. Y el que se asegurará de que no la vuelvas a tocar”.
No tardó ni un minuto en responder:
“Tenemos abogados. Tenemos amigos. Elena no se queda con los niños”.
Miré el teléfono y pensé: perfecto. Más pruebas.
Esa misma tarde, fuimos a casa de Elena con el abogado y una orden para recuperar pertenencias básicas: ropa, documentos, las cosas de los niños. No íbamos a pelearnos en la puerta. Íbamos a actuar con inteligencia.
Pero Julián no lo soportó. Necesitaba demostrar poder.
Cuando abrimos la puerta, él estaba allí, apoyado en el marco, sonriendo como un rey.
“¿De verdad vas a volver?”, le dijo a Elena. “Estás haciendo el ridículo”.
Elena se encogió por un segundo. Lo vi. Años de miedo.
Entonces me puse delante de ella.
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