Entonces, una mañana, recibí una carta. Escrita a mano. Sin remitente.
No espero que me perdones.
Sé que le fallé a Emery. Pensé que estaba haciendo todo lo posible. Pero dejé que el amor me cegara.
Voy a terapia. Estoy en clase. Voy a intentar arreglar lo que rompí.
Espero que algún día puedas decirle que la quise. Aunque no mereciera criarla.
Sin firma. Pero sabía que era Heather.
Doblé la carta y la guardé. No para ella. Para Emery.
Algún día, si me pregunta, le diré la verdad; no todos los detalles, pero suficientes.
Que tuvo una madre que tomó malas decisiones.
Y unos tíos que la eligieron.
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