"No", dije lentamente, como si algo encajara. "No es lo mismo. Y definitivamente no voy a pagar por renovaciones que no autoricé".
Entrecerró los ojos antes de levantar la barbilla como si tuviera la última carta en la mano. "Pagarás", declaró. "Porque como esposa de Mason, te beneficias de lo que construimos".
La miré fijamente. "¿Como su esposa?".
Hizo una pausa. "Sí. Como su esposa".
Me giré hacia Mason tan rápido que mi cuello protestó. "Mason... ¿de qué está hablando?".
Su expresión se tensó por medio segundo antes de encogerse de hombros forzadamente. "Es solo cómo habla mamá".
Pero Linda ya no me miraba a mí; lo miraba a él, esperando refuerzos.
Mi pulso se calmó, no por la calma, sino por la fría claridad. “Linda”, dije con cuidado, “¿por qué crees exactamente que soy la esposa de Mason?”
Frunció el ceño como si le hubiera preguntado algo ridículo. “Porque te casaste el año pasado. En el juzgado. Mason dijo que lo hiciste discretamente por motivos fiscales”.
La habitación se sentía inestable.
Miré a Mason. No dijo nada. No lo negó. Simplemente tragó saliva.
Mi voz se apagó. “Mason… dile la verdad. Dile que no estamos casados”.
La petulancia de Linda se transformó en confusión. “¿Eh?”
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
