Caminé hacia el armario del pasillo donde guardaba un pequeño kit de herramientas. Mis movimientos parecían automáticos, impulsados por la adrenalina. Agarré un destornillador y volví.
Linda jadeó. "No te atrevas a dañar..."
"Mi puerta", espeté, "en mi casa".
Retiré la placa y abrí el pestillo con manos temblorosas. La puerta se abrió con un crujido.
Detrás había una cocineta.
No era un proyecto inacabado. Una cocineta completamente funcional: mininevera zumbando, microondas enchufado, fregadero pequeño instalado, armarios llenos de platos. El aroma a pintura fresca y laminado nuevo me impactó.
Esto no era para "privacidad durante las visitas".
Era una sala de estar independiente.
Un pequeño estudio… dentro de mi casa.
Una joven estaba allí de pie con una taza en la mano, paralizada como una presa ante los faros. Veinticinco y pico, camiseta enorme, moño despeinado. No era contratista. No era de la familia.
Vivía allí.
Linda se tambaleó hacia atrás. "Mason... ¿quién es?"
La mirada de la mujer se dirigió a Mason. "Dijiste que lo sabía", susurró.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
