Ella retrocedió. —¿Te acostaste con ella?
Él vaciló.
Esa fue toda la respuesta que necesitaba.
Emily tomó las llaves y condujo directamente a la casa de Lisa, a veinte minutos de distancia, con las manos temblando tanto que casi se pasa de dos salidas. Lisa abrió la puerta vestida con pantalones deportivos y una vieja sudadera de la universidad, y sus ojos se abrieron de par en par en cuanto vio a Emily.
—Em…
—¿Te acostaste con mi esposo?
La boca de Lisa tembló. Por un instante, Emily vio un destello de esperanza: la esperanza de que Lisa lo negara, se riera, lo considerara absurdo. En cambio, Lisa se tapó la boca y rompió a llorar.
—Una palabra —dijo Emily—. Sí o no.
Lisa susurró: —Lo siento.
Algo dentro de Emily se quedó completamente paralizado.
Se disponía a marcharse, pero se detuvo al ver una ecografía enmarcada sobre la mesa del pasillo, parcialmente oculta bajo una pila de correo sin abrir. Debajo había una nota adhesiva escrita por Daniel.
Se lo diremos pronto.
Fue entonces cuando Emily comprendió: la infidelidad no era la sorpresa.
El embarazo sí.
Emily no recordaba el viaje de vuelta a casa.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
