Valeria también.
Fue entonces cuando todo quedó claro. No se trataba de una simple aventura, sino de una toma de control discreta. Estaban reemplazándome en mi propia vida usando mi dinero y mi nombre.
Uno por uno, les revoqué el acceso.
Luego llamé al encargado del estacionamiento privado.
Los dos coches matriculados a nombre de Javier no podrán salir hoy. Por favor, confirmen por correo electrónico.
Minutos después, Carmen llamó.
—Lucía, querida… ¿por qué rechazan la tarjeta? Valeria está mortificada.
Miré la pantalla: Tarjeta cancelada. Transacción completada.
Le respondí con calma:
“Carmen, esta vergüenza es solo el principio”.
Fui directo a mi oficina y abrí la carpeta que llevaba meses evitando: contratos, autorizaciones bancarias, derechos de firma. Javier siempre me había dicho que era demasiado controlador con las finanzas, que debería "relajarme y disfrutar de la vida".
Ahora sabía por qué.
Mario llegó rápidamente. Revisó la evidencia y asintió.
“Estaban planeando drenarlo todo”.
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