Ella se divertía como una niña, riéndose de sus errores. Mientras cocinaban, sus manos se rozaban, sus cuerpos se acercaban. Había una intimidad que iba mucho más allá de la amistad. Cenaron en la cocina, en la mesa rústica, normalmente reservada al personal. Para Elena era una novedad absoluta, pero con Carlos todo parecía natural. Hablaron de viajes, sueños, miedos, esperanzas para el futuro. Fue durante esa cena que Carlos encontró el valor para expresar sus sentimientos. le dijo que se había enamorado de ella, pero que entendía si ella no podía corresponder.
Sus vidas eran demasiado diferentes, sus mundos demasiado distantes. Elena lo miró en silencio. Luego confesó que ella también se había enamorado de él, de su inteligencia, del modo en que la hacía sentir mujer en lugar de solo rica. Por primera vez había conocido a un hombre que la amaba por lo que realmente era. El primer beso llegó espontáneo, dulce y lleno de todo lo que se habían dicho en las semanas precedentes. Las diferencias sociales, los problemas prácticos desaparecieron.
Solo estaban ellos dos, dos personas que se habían encontrado contra toda probabilidad. Los días siguientes fueron los más felices que ambos habían vivido jamás. Buscaban cualquier excusa para estar juntos. para compartir momentos de intimidad. Carlos continuaba formalmente trabajando para Elena, pero vivían una historia de amor que los llenaba de alegría. Con Carlos, Elena se sentía libre de ser espontánea, de reír, de hablar de sus verdaderos sentimientos. Carlos florecía bajo su amor. Su autoestima crecía. Su cultura encontraba una interlocutora a la altura.
Sus sueños parecían realizables, pero sabían que no podían vivir para siempre en esa burbuja de felicidad. Tarde o temprano tendrían que enfrentar al mundo exterior que difícilmente aceptaría su relación. Una noche, abrazados en el sofá de la biblioteca, Elena tomó una decisión revolucionaria. Estaba cansada de esconderse. Quería presentar a Carlos al mundo como el hombre que amaba, cualesquiera que fueran las consecuencias. Carlos la miró con amor y preocupación. Sabía cuánto arriesgaba Elena, pero sabía también que tenía razón.
Si su amor era verdadero, debía ser lo suficientemente fuerte para resistir cualquier tormenta. La decisión de Elena de hacer pública su relación desató un terremoto en su mundo social. La noticia de que la heredera más rica de España se había enamorado de su empleado doméstico dio la vuelta a Madrid en pocas horas, convirtiéndose en el tema principal. de los salones de la alta sociedad. Las reacciones fueron inmediatas y crueles. Los amigos de la familia llamaban escandalizados. Los socios comerciales ponían en duda su estabilidad mental.
Las revistas del corazón comenzaban a especular sobre una posible crisis nerviosa o un plan de Carlos para apoderarse de su fortuna. Carlos vivía este periodo con una mezcla de orgullo y tormento. Estaba feliz de que Elena hubiera tenido el valor de declararse públicamente, pero sufría al verla atacada y juzgada por una elección de amor. Algunos de los amigos de Elena lo habían confrontado directamente, ofreciéndole dinero para desaparecer de su vida, acusándolo de ser un cazafortuna sin escrúpulos.
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