MILLONARIO CONTRATA NIÑERA PARA SU HIJO CON DISCAPACIDAD Y LO QUE VE LE PARTE EL CORAZÓN!
Cantaron despacio. Mariana acercó la vela. Julián levantó el brazo derecho —ese que casi no movía— y apuntó hacia ella. Luego, con esfuerzo, presionó su botón. La voz mecánica dijo: “Feliz”.
El aire se detuvo. Víctor cerró los ojos un segundo, como si por dentro se le hubiera roto algo… pero de lo bonito. Mariana tragó saliva con lágrimas en la garganta.
Esa noche, cuando ya todo estaba en silencio y las estrellas de papel seguían colgadas, Víctor la encontró en la terraza. No llevaba saco. Tenía el rostro distinto, más humano.
—Gracias… por la fiesta —dijo al fin—. Yo nunca lo habría pensado. Me cuesta… me cuesta un chingo.
Mariana lo miró con una honestidad cansada.
—Yo tampoco estaba lista para sentir tanto otra vez. Pensé que venía a trabajar, pero Julián… no es un trabajo.
Él la miró fijo, como si por primera vez se atreviera a verla.
—Tú tampoco lo eres.
Y entonces, sin planearlo, se besaron. Fue corto, intenso, torpe. Un beso de dos personas que no estaban jugando a nada, solo agarrándose de un segundo que los hiciera sentir vivos. Pero apenas se separaron, Víctor retrocedió como si el beso quemara.
—Perdón —murmuró—. No debí hacerlo.
—¿Por qué no? —preguntó Mariana, con el corazón acelerado.
—Porque tú estás aquí por Julián… no por mí. Esto no está bien.
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