MILLONARIO CONTRATA NIÑERA PARA SU HIJO CON DISCAPACIDAD Y LO QUE VE LE PARTE EL CORAZÓN!
Víctor no respondió. Ese silencio fue una sentencia.
Mariana empacó en su mochila lo poco que tenía y bajó al cuarto de Julián. Se arrodilló frente a él.
—Voy a irme un rato, Julie… pero no porque quiera. Te juro que no me olvido de ti.
Julián soltó un sonido agudo, un lamento que no era palabra pero sí dolor. Mariana lo besó en la frente y salió por la puerta principal con la cabeza alta y el corazón hecho trizas.
Esa misma noche, Víctor revisó cámaras. Y por fin vio lo que no había querido ver: una mesera en el jardín durante la fiesta, una silueta escondida, un nombre en la lista de banquete… Karina Herrera. Luego otra toma: Marta, la empleada antigua, saliendo del cuarto de Mariana a las tres de la madrugada con una bolsa en la mano.
El mundo se le cayó encima. Había corrido a Mariana por una mentira.
Pero Mariana ya estaba lejos. Un cuarto en una azotea, una fondita para sobrevivir, y el vacío de extrañar a un niño que no era suyo… pero que ya la había elegido. Una noche, Karina la encontró en la calle con una navaja.
—Quiero lo que tú me quitaste —escupió.
Mariana no gritó. Solo levantó las manos, con la garganta apretada.
—No te quité nada. Yo solo cuidé a Julián como merece.
Karina levantó la mano… y entonces apareció un hombre corriendo, Alan, que la sujetó y la hizo soltar la navaja. Karina huyó. Mariana se quedó temblando en el suelo, viva de milagro.
Al día siguiente, Alan llamó a Víctor. Y Víctor llegó a la azotea como si le fuera la vida en ello. Cuando Mariana abrió la puerta, ojerosa y pálida, él bajó la mirada.
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