MILLONARIO CONTRATA NIÑERA PARA SU HIJO CON DISCAPACIDAD Y LO QUE VE LE PARTE EL CORAZÓN!
—Me equivoqué. Lo siento. Ya sé quién está detrás. Tengo pruebas.
Mariana, agotada, cerró los ojos como quien por fin suelta un peso.
—Ayer me sacó una navaja… Si no fuera por ese muchacho…
Víctor tragó saliva.
—No voy a volver a dejarte sola. Ven conmigo. Te lo pido… por favor.
Mariana dudó un segundo. Luego asintió, porque a veces seguir peleando sola también es una forma de morir.
Volvió a la casa y Julián, al verla, presionó su botón con desesperación: “Aquí, aquí, aquí”. Mariana lo abrazó y lloró, pero esta vez no de miedo. Víctor los miró y entendió algo que no le enseñó ningún doctor: el amor también es terapia.
Karina, consumida por su obsesión, intentó un último golpe. Entró de madrugada por una barda mal sellada, tomó a Julián envuelto en una manta azul y huyó. Mariana la vio y salió corriendo sin pensar. Persiguió la camioneta, subió a un taxi, llegó a una bodega abandonada. Adentro, Julián estaba amarrado pero ileso, con los ojos abiertos como platos.
—Devuélvemelo —dijo Mariana, con una fuerza que venía del alma.
Karina tembló. Se le quebró algo cuando Julián la miró, no con miedo… sino con esa calma rara de los niños que entienden más de lo que parece. Karina bajó la lámpara. Sus hombros se hundieron.
—Vete… llévatelo.
Mariana lo desató y lo abrazó. Las sirenas llegaron. Karina se dejó caer al suelo, agotada, como alguien que ya no tiene fuerzas para seguir siendo monstruo.
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