Millonario fingió un accidente para probar a su novia y sus gemelos. hasta que la empleada doméstica…

Siga leyendo, Señor”, dijo Gabriela suavemente. Thiago pasó la página. Había otro documento, una prueba de maternidad, resultado de maternidad, excluido. Thiago levantó la vista atónito. “¿Qué significa esto? Esos papeles no son de Mateo y Lucas, señor”, explicó Gabriela. Esos papeles son de un embarazo que la señora Valeria tuvo hace dos años, justo cuando nacieron los gemelos. Ella le dijo a usted que perdió al bebé, ¿recuerda, pero no lo perdió. El bebé nació, pero como no era de usted, sino de su amante Roberto, ella lo dio en adopción ilegalmente para que usted nunca se enterara de su infidelidad.

Thiago sintió náuseas. Valeria no solo era ambiciosa, era un monstruo. Había abandonado a su propio hijo para mantener su estatus de esposa de millonario. Guardé esto porque sabía que algún día ella intentaría hacerle daño a usted o a los gemelos. Dijo Gabriela. Ella odia a Mateo y a Lucas porque le recuerdan que ella es madre, pero una madre que regaló a su hijo. Ellos son la prueba viviente de su fracaso moral. Señor, ella no lo quiere. Nunca lo quiso.

Thiago guardó los papeles en el bolsillo interior de su chaqueta seca debajo del suéter mojado de Gabriela. miró a la mujer frente a él, una mujer que no tenía nada, pero que acababa de darle el arma más poderosa del mundo, la verdad absoluta. Thiago se inclinó hacia adelante. Por primera vez en meses, sus ojos brillaron con el fuego del tiburón monteayor, el hombre que dominaba los negocios. Pero esta vez el fuego estaba templado por una ternura infinita.

Gabriela dijo él levantando una mano para tocar la mejilla golpeada de ella. Levántate. Ella obedeció confundida. Thiago se quitó la manta de las piernas, puso los pies en el suelo, se agarró de los bordes de la silla de ruedas y con un movimiento fluido y poderoso se puso de pie. Su altura de un 90 met pareció llenar la pequeña parada de autobús. Gabriela jadeó llevándose las manos a la boca, aunque ya sabía que él podía hacerlo. Verlo erguido, fuerte, imponente era diferente.

“Se acabó el juego”, dijo Thiago. “Ya tengo lo que necesitaba. Sé quién es mi enemiga y lo más importante, sé quién es mi compañera.” Thiago se quitó la chaqueta de traje que estaba seca por dentro y se la puso a Gabriela sobre los hombros cubriéndola. “Señor, ¿qué va a hacer?”, preguntó ella temblando. “Vamos a volver”, dijo él mirando hacia la colina donde la mansión se alzaba como un castillo oscuro. “Y voy a limpiar mi casa.” Pero antes de que pudieran dar un paso, unas luces de faros cortaron la oscuridad.

Un autode deportivo negro bajó a toda velocidad por la colina y frenó chirriando frente a la parada de autobús. La ventanilla bajó, era Roberto y a su lado Valeria con una sonrisa desquiciada. “Vaya, vaya!”, gritó Valeria sin ver que Thiago estaba de pie porque él se había sentado rápidamente al ver las luces. “¡Qué imagen tan patética! Parecen ratas ahogadas.” Roberto se rió. Vinimos porque el notario dice que pensándolo bien necesita una huella digital, aunque sea en presencia de testigos externos, para validar el acta de incapacidad de emergencia.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.