Millonario fingió un accidente para probar a su novia y sus gemelos. hasta que la empleada doméstica…

Nunca se quejaba, nunca pedía adelantos y ahora se enfrentaba a la dueña de la casa por él. Gabriela dijo él devolviéndole el vaso. Si Valeria me echa, si pierdo todo el dinero, ¿tú qué harías? Gabriela lo miró sorprendida por la pregunta. Señor, el dinero va y viene. Mi abuela decía que la riqueza de un hombre no está en su bolsillo, sino en quienes se quedan a su lado cuando el bolsillo está vacío. Yo no lo dejaría solo.

Y a los niños, a Mateo y Lucas, jamás los abandonaría, aunque tenga que vender tamales en la calle para darles de comer. Thiago sintió un nudo en la garganta. Esa era la respuesta. Esa era la verdad que buscaba, pero el destino, cruel y caprichoso, estaba a punto de poner a prueba esa promesa de la forma más brutal posible. La puerta se abrió de nuevo. Valeria no había terminado y esta vez no venía sola. La entrada de Valeria interrumpió la atmósfera de paz que Gabriela había logrado crear en apenas unos minutos.

Esta vez, Valeria traía en la mano una carpeta de cuero negro y una sonrisa que no presagiaba nada bueno. Detrás de ella entró el chóer cargando dos maletas grandes. “Vaya, qué escena tan conmovedora”, dijo Valeria con sarcasmo, aplaudiendo lentamente. La sirvienta jugando a la enfermera. “Gabriela, lárgate a la cocina. Tengo asuntos que discutir con mi esposo”, hizo comillas con los dedos al decir la palabra. Gabriela miró a Thiago buscando una señal. Él asintió casi imperceptiblemente. “Llévate a los niños, Gabriela, por favor.” Ella obedeció cargando a Lucas y tomando a Mateo de la mano, saliendo rápidamente de la habitación, pero dejando la puerta entreabierta apenas unos milímetros.

Su instinto le decía que no debía dejarlos solos. Valeria lanzó la carpeta sobre las piernas de Thiago. Estos son los balances de la empresa. Las acciones están cayendo porque el mercado sabe que estás indispuesto. Si no transfieres la autoridad hoy, mañana perderemos millones. Pero eso no es lo único que vine a decirte. Thiago miró la carpeta sin tocarla. ¿Qué más quieres, Valeria? Quiero que entiendas tu nueva realidad”, dijo ella, sentándose en el borde de la cama, invadiendo su espacio con su perfume costoso y empalagoso.

Hablé con el doctor Serrano. Me dijo que las probabilidades de que vuelvas a caminar son nulas. Cero. Vas a ser una carga por el resto de tu vida. Era mentira. Thiago sabía que era mentira porque el doctor Serrano era su amigo de la infancia y parte del plan. Serrano le había dicho a Valeria exactamente lo que Thiago le pidió que dijera. Quería ver si ella se quedaba por amor en la salud y en la enfermedad o si salía corriendo.

La respuesta era evidente. ¿Y eso cambia lo que sientes por mí?, preguntó Thiago mirándola a los ojos. Thiago, por favor, seamos adultos”, resopló ella, revisándose una uña. “Me casé con un hombre poderoso, un líder, no con un inválido que necesita que le cambien los pañales. Te tengo cariño, claro, pero yo tengo necesidades. Tengo una imagen que mantener. No puedo ir a las galas de caridad empujando una silla de ruedas. Me vería ridícula. La gente hablaría. Te preocupa lo que diga la gente más que mi salud.

Me preocupa mi futuro. Por eso he tomado una decisión. Una vez que firmes, te voy a trasladar a la casa de campo en la sierra. Allá tendrás enfermeras las 24 horas. Estarás cómodo, lejos del estrés de la ciudad. Y yo, bueno, yo me quedaré aquí manejando el imperio. Iré a visitarte en Navidad, tal vez. Thiago sintió una mezcla de asco y admiración por su franqueza brutal. La mujer no tenía alma. Quería exiliarlo para quedarse con todo. “Tengo sed”, dijo Thiago cambiando de tema abruptamente.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.