Y cuando alguien le preguntaba cómo lo logró, ella sonreía y se tocaba el corazón de oro en su cuello.
—Porque la dignidad viene de dentro —decía—. Y porque mi madre me enseñó que, aunque el mundo intente humillarte, tu puedes elegir convertir ese dolor en fuerza… y esa fuerza en oportunidad para otros.
Si esta historia te movió aunque sea un poco, cuéntame: ¿alguna vez tuviste que demostrar tu valor en un lugar donde no te querían ver?
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