Mis compañeros de clase se burlaban de mí porque mi padre es recolector de basura. El día de mi graduación les dije algo que nunca olvidarán.

El primer borrador que escribí fue el cliché "Me encantan las matemáticas, quiero ayudar a los demás", un verdadero desastre.

Sobre mi mamá, que antes aprendía sobre dosis de medicamentos y ahora carga bolsas de desechos médicos.

Sobre el hecho de que le mentí en la cara cuando me preguntó si tenía amigos.

Cuando terminé de leer, el profesor Anderson guardó silencio un buen rato. Luego se aclaró la garganta.

Sobre el hecho de que le mentí cuando me preguntó si tenía amigos.

A mamá, solo le dije que estaba solicitando plaza "en algunas universidades de la Costa Este", sin especificar cuáles. No soportaba la idea de que se emocionara tanto y luego tuviera que decirle: "No importa, me rechazaron".

El rechazo, si llegaba, sería solo para mí.

El correo electrónico llegó en un Martes.

Estaba medio dormida, mordisqueando las migas de cereal del fondo del tazón.

El correo electrónico llegó un martes.

Decisión de admisión. Me temblaban las manos al abrirlo.

"Querido Liam, felicidades..."

Me detuve, entrecerré los ojos y lo releí.

"Querido Liam, felicidades..."

Me eché a reír y me tapé la boca con la mano.

Mamá estaba en la ducha. Cuando salió, ya había impreso la carta.

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