Mis padres me exigieron que les entregara los 30.000 dólares que había ahorrado para la universidad para que mi hermana pudiera conseguir un apartamento. Cuando me negué, mi madre gritó: "¡Deja la universidad, dale tus ahorros a tu hermana y quédate en casa limpiando!".

Los ojos de Donna brillaron. “Fuiste egoísta.”

“Me estaba protegiendo.”

Rick espetó: “Nos debes una.”

“No”, dije. “Me enseñaste lo que valgo.”

El tono de Donna cambió de nuevo. “¿Y cuánto ganas ahora?”

“Suficiente”, respondí.

“Suficiente para ayudar a tu hermana”, insistió Brooke.

“Suficiente para construir mi propia vida”, corregí.

La voz de Donna se alzó. “¿Sin nosotras?”

“Sí.”

En ese momento, mi teléfono vibró: reunión de equipo en cinco minutos.
“Tengo que irme”, dije.

“Espera”, suplicó Donna. “Podemos empezar de nuevo”.

“Las familias no exigen que sus hijos abandonen su futuro”, respondí.

La voz de Rick se endureció. “No vuelvas cuando necesites ayuda”.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.