La acerqué suavemente y la rodeé con un brazo.
"Somos felices", dije. "Y eso no es algo que estemos dispuestos a cambiar".
Él asintió entre lágrimas. "Ahora lo veo".
No pidieron perdón ese día. Y yo no se lo ofrecí.
Pero cuando se fueron, no hubo exigencias, solo una silenciosa humildad.
Su madre abrazó a nuestra hija. Su padre estrechó la mano de Ethan.
"Gracias", dijo. "Por dejarnos verla".
En cuanto a lo que viene después, no lo sé. Tal vez reconstruyamos algo. Tal vez no.
Pero por primera vez en cinco años, entendieron algo simple:
Nunca nos faltó nada.
Solo estaban midiendo las cosas mal.
Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.
