Murió en el Parto y su Esposo Celebró… EL DOCTOR REVELÓ “SON GEMELOS” Y TODO CAMBIÓ…

El sonido agudo y continuo del monitor cardíaco llenó la habitación del hospital como un grito electrónico que nadie quería escuchar. P dos. Ese sonido significaba el final. Significaba que el corazón de Elena, la mujer que había luchado durante 12 horas de parto agonizante, se había detenido. Los médicos corrieron. Las enfermeras gritaron órdenes. Código azul. desfibrilador. El caos estalló alrededor de la cama manchada de sangre, pero en medio de ese torbellino de vida y muerte hubo una quietud perturbadora en la esquina de la habitación.

Allí estaba Rodrigo, el esposo, y junto a él, doña Bernarda, su madre. Y en un acto de descaro inaudito estaba también Sofía, la asistente de Rodrigo, agarrada de su brazo. Cuando el médico jefe, el Dr. Salazar, se detuvo, bajó la mascarilla y miró el reloj para declarar la hora de la muerte, Rodrigo no lloró, no se derrumbó. Por el contrario, un suspiro de alivio escapó de sus labios. Doña Bernarda se persignó, pero no para pedir por el alma de Elena, sino como quien agradece un favor recibido.

Y Sofía. Sofía sonrió. una sonrisa pequeña, cruel y victoriosa. Creyeron que habían ganado. Creyeron que el obstáculo final entre ellos y la inmensa fortuna de la familia de Elena había desaparecido. Lo que no sabían, lo que su codicia les impedía ver, era que la muerte de Elena no era el final de su historia, era el comienzo de su pesadilla. Y el Dr. Salazar, que los miraba con una expresión indescifrable detrás de sus gafas, tenía un secreto en sus manos, un secreto que pesaba más que cualquier herencia.

Se acercó a ellos, se quitó los guantes llenos de sangre y susurró dos palabras que cambiarían el destino de todos. Son gemelos. Antes de contarte como estas dos palabras destruyeron un imperio de mentiras y llevaron a los culpables ante la justicia más divina y brutal, necesito pedirte un favor.

La historia comienza se meses antes. Elena no era una mujer ingenua, pero estaba enamorada, o al menos eso creía. Hereder de la cadena hotelera más grande del país, tras la muerte de su padre, Elena se sentía sola en una mansión demasiado grande. Cuando conoció a Rodrigo, un arquitecto encantador con sonrisa de comercial de televisión, pensó que había encontrado a su príncipe, pero los príncipes a veces son monstruos disfrazados.

Rodrigo cambió el día que se casaron. La dulzura se convirtió en indiferencia, la atención se convirtió en crítica y luego llegó doña Bernarda. La suegra se mudó a la mansión para ayudar, pero en realidad llegó para tomar el control. Elena recordaba una tarde específica. Estaba embarazada de 4 meses. Bajó a la cocina por un vaso de agua y escuchó voces. Tienes que aguantar un poco más, hijo”, decía Bernarda. El abogado dice que si se divorcian ahora con el acuerdo prenupsial no te toca casi nada.

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