Los ojos de Isabela se llenaron de lágrimas antes de que pudiera contenerse. Dentro de la caja había un universo de memorias, fotografías amarillentas de su madre cuando era joven, tan hermosa que quitaba el aliento. Cartas escritas en japonés que Isabela había aprendido a leer precisamente para poder entenderlas. un pequeño abanico pintado a mano, una pulsera de cuentas de colores y en el fondo un sobre que Isabela nunca había abierto porque estaba sellado y tenía escrito en japonés para mi hija cuando esté lista.
Isabela había encontrado ese sobre años atrás, poco después de la muerte de su madre, pero algo siempre la había detenido de abrirlo. El miedo a lo desconocido, el dolor de enfrentar palabras que ya no podrían ser explicadas, la sensación de que una vez que lo abriera, su madre se iría definitivamente. Pero esa noche, después de todo lo que había sucedido, Isabel sintió que finalmente estaba lista. Con manos temblorosas, rompió el sello del sobre. Dentro había varias hojas de papel escritas con la letra delicada de su madre y algo más, una fotografía que Isabela nunca había visto.
En la foto, su madre aparecía junto a Yoshiko, tal como en la otra fotografía, pero había una tercera persona, un hombre joven de facciones japonesas que sostenía la mano de Jiromi con evidente ternura. Isabela volteó la fotografía en el reverso con letra de su madre decía Hiromi, Yoshiko y Takeshi el día que todo cambió. Takeshi. Isabela no conocía ese nombre. Su padre, el hombre con quien su madre había oído de Japón, se llamaba diferente. ¿Quién era este Takeshi?
Con el corazón latiendo fuertemente comenzó a leer la carta. Mi querida Isabela, comenzaba su madre. Si estás leyendo esto, significa que ya no estoy contigo. Perdóname por dejarte, mi amor. Perdóname por todos los secretos que guardé, pero había cosas que no podía contarte mientras vivía, cosas que me dolían demasiado recordar. Isabela tuvo que detenerse para limpiarse las lágrimas que nublaban su visión. Respiró profundamente y continuó. Quiero que sepas la verdad sobre tu origen. La verdad que he guardado durante tantos años por miedo a que me juzgaras.
por miedo a que el dolor del pasado arruinara tu futuro. Cuando era joven estuve enamorada de un hombre llamado Takeshi Yamamoto. Era el hijo de una familia importante destinado a heredar un imperio empresarial. Nos amábamos profundamente, pero su familia nunca habría aceptado que se casara con alguien como yo, una simple chica de pueblo sin dinero ni conexiones. Takeshi me prometió que lucharía por nosotros, pero antes de que pudiera hacerlo, su familia lo envió lejos. Lo obligaron a casarse con una mujer elegida por ellos.
La última vez que lo vi me dijo que nunca me olvidaría y yo nunca lo olvidé a él. Isabela sintió el mundo tambalearse bajo sus pies. Su madre había amado a otro hombre antes de su padre. Continuó leyendo cada palabra revelando más capas de una historia que desconocía. Meses después de que Takeshi se fue, descubrí que estaba esperando un bebé. Su bebé, nuestra bebé. Tú, mi amor. Tú eres hija de Takeshi Yamamoto. Las hojas cayeron de las manos de Isabela.
El mundo se detuvo. Todo lo que creía saber sobre su vida, sobre su identidad, sobre quién era, acababa de desmoronarse. El hombre que ella había llamado padre toda su vida, el hombre con quien su madre había huído de Japón, no era su padre biológico. Con manos que temblaban violentamente, recogió las hojas y siguió leyendo. Cuando mi familia descubrió mi embarazo, fue un escándalo terrible. Querían obligarme a deshacerme del bebé. Me negué. Habría muerto antes de perderte. Fue entonces cuando conocí a Roberto Montoya, un joven voluntario extranjero que trabajaba en nuestro pueblo.
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