Era bondadoso, gentil y cuando le conté mi situación, hizo algo que nunca podré agradecerle lo suficiente. Me ofreció casarse conmigo y darle su nombre a mi bebé. Roberto sabía que yo no lo amaba de la manera en que había amado a Takeshi. Pero me aceptó de todos modos, me dio un hogar, me dio respeto y te dio a ti un apellido y una identidad. Cuando mi familia me expulsó, él estuvo ahí. Cuando huimos a su país, él nos protegió.
Y aunque nuestro matrimonio no fue perfecto, él te amó como si fuera su propia hija. Isabela recordó a su padre, Roberto, el hombre callado y trabajador que había muerto cuando ella era apenas una adolescente. Un accidente de trabajo habían dicho. Siempre había asumido que era su padre biológico. Ahora entendía tantas cosas que antes no tenían sentido. las miradas melancólicas de su madre hacia el horizonte, los silencios prolongados cuando Isabela preguntaba sobre el pasado, la tristeza que nunca abandonó completamente los ojos de Jiromi.
Hay algo más que necesitas saber, mi amor. Antes de morir, mi abuelo dejó un testamento secreto. En él me heredaba una parte significativa de la fortuna familiar. Pero mi familia, furiosa por mi embarazo y mi huida, escondió ese testamento. Robaron lo que me pertenecía. No te cuento esto para que busques venganza. Te lo cuento porque es tu derecho saber la verdad y porque si algún día alguien viene a buscarte, alguien que conoce esta historia, necesitas estar preparada.
Yoshiko, mi mejor amiga, es la única persona que sabe toda la verdad. Si ella te encuentra, confía en ella. Ella prometió cuidarte. si algo me pasaba y Yoshiko siempre cumple sus promesas. Mi pequeña Isabela, sé que esta carta te causará dolor, pero también espero que te dé libertad. La libertad de conocer tu verdadera historia, la libertad de reclamar lo que te pertenece y la libertad de vivir sin los secretos que yo tuve que cargar. No importa quién sea tu padre biológico, no importa de dónde vengas, lo que importa es quién eliges ser.
Y yo sé, mi amor, que elegirás ser extraordinaria, porque eso es lo que siempre ha sido. Te amo más de lo que las palabras pueden expresar en cualquier idioma. Tu madre, Jiromi. Isabela terminó de leer y las lágrimas caían sin control sobre el papel manchando la tinta antigua. Se abrazó a sí misma, meciéndose suavemente, sollyosando con un dolor que parecía venir desde lo más profundo de su ser. Todo era diferente. Ahora todo había cambiado. Pero en medio del dolor, algo más comenzaba a nacer, una determinación feroz, una necesidad de conocer más, de encontrar respuestas.
¿Quién era Takeshi Yamamoto? ¿Seguía vivo? ¿Sabía de su existencia? ¿Y la familia de su madre? Los que habían robado su herencia, ¿qué habían hecho con lo que legítimamente le pertenecía? Isabela miró nuevamente la fotografía de los tres jóvenes, su madre, Yoshiko y Takeshi, tres personas unidas por secretos que habían atravesado décadas y ahora esos secretos estaban en sus manos. El teléfono de Isabela sonó sobresaltándola. Era un número desconocido. Dudó por un momento, pero algo la impulsó a contestar.
Isabela Montoya. Una voz masculina habló al otro lado. ¿Quién habla? Mi nombre es Héctor Paredes. Soy periodista. Estuve en la fontana esta noche y presencié todo lo que sucedió. Tengo algunas preguntas sobre usted y sobre la familia Tanaca. Isabel sintió un escalofrío. No tengo nada que decir, señorita Montoya. Creo que sí tiene mucho que decir, porque lo que pasó esta noche fue solo la punta del iceberg. Y usted está en el centro de una historia mucho más grande de lo que imagina.
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