NADIE ENTENDIÓ A LA MILLONARIA JAPONESA — PERO LA MESERA RESPONDIÓ EN JAPONÉS Y SORPRENDIÓ A TODOS…

Isabela apretó el teléfono contra su oído, su corazón latiendo con fuerza mientras las palabras del periodista resonaban en su mente. ¿Qué quiere decir con una historia más grande?, preguntó. Su voz apenas un susurro. Héctor Paredes hizo una pausa antes de responder. Señorita Montoya, lo que presencié esta noche en la fontana no fue solo un empresario arrogante humillando a una anciana. fue algo mucho más calculado y cuando comencé a investigar descubrí conexiones que me dejaron helado. No entiendo de qué está hablando.

Rodolfo Salazar no estaba en la fontana por casualidad esta noche. Sabía que la señora Tanaca vendría. Sabía exactamente cuándo llegaría. Y creo que todo lo que pasó, la humillación pública, el escándalo, fue planeado. Isabela asintió un escalofrío recorrer su espalda. planeado. ¿Por qué alguien planearía algo así? Eso es lo que necesito averiguar. Y creo que usted tiene piezas del rompecabezas que yo no tengo. Héctor pausó. ¿Podemos reunirnos mañana? Hay cosas que prefiero no discutir por teléfono. Isabela miró la carta de su madre todavía en su mano, las revelaciones frescas en su mente.

Todo estaba conectado de alguna manera podía sentirlo. “Mañana tengo un compromiso importante por la mañana”, respondió pensando en la visita de Yoshiko. “Pero puedo verlo por la tarde. ¿Conoce la cafetería El encuentro cerca del parque central?” La conozco a las 4 de la tarde. Entonces, después de colgar, Isabela permaneció sentada en su cama durante largo rato, rodeada de los recuerdos de su madre. La fotografía de Takeshi Yamamoto la miraba desde el suelo donde había caído. Ese rostro joven, esos ojos que ahora reconocía como similares a los suyos.

Su padre, su verdadero padre. ¿Dónde estaría ahora? ¿Seguiría vivo? ¿Habría pensado alguna vez en la hija que nunca conoció? El sueño tardó en llegar esa noche y cuando finalmente lo hizo, estuvo plagado de rostros desconocidos y voces en japonés que no alcanzaba a comprender. Al día siguiente, Isabela se despertó con el sonido del timbre. Se levantó sobresaltada, mirando el reloj. Era media mañana. Se había quedado dormida. Corrió hacia la puerta alisándose el cabello con los dedos. Al abrir, encontró a Yoshiko de pie en el pasillo, acompañada por Akemi.

La anciana sostenía un ramo de flores blancas. Perdona si llegamos temprano. Yoshiko dijo suavemente. No pude dormir pensando en este momento. Isabela las invitó a pasar, disculpándose por el desorden y por su apariencia, pero Yoshiko no pareció notar nada de eso. Sus ojos recorrían el pequeño apartamento con una expresión de profunda emoción, como si cada objeto le contara una historia. Aquí vivió Jiromi, murmuró. Puedo sentirla en cada rincón. Akemi observaba todo con curiosidad respetuosa, manteniéndose en silencio mientras su abuela procesaba el momento.

“La caja está en mi habitación.” Isabela dijo, “Pero antes de mostrarle todo, hay algo que necesita saber, algo que descubrí anoche.” Se sentaron en la pequeña sala y con voz temblorosa, Isabela le contó sobre la carta, sobre Takeshi Yamamoto, sobre la verdad de su origen. A medida que hablaba, el rostro de Yoshiko pasaba de la sorpresa al reconocimiento y finalmente a una tristeza profunda. “Entonces lo sabías, Isabela”. Concluyó. ¿Sabías que Roberto no era mi padre biológico? Yoshiko asintió lentamente.

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.