Natalia siempre creyó que el amor se mide con acciones...

Antonina Stepanovna rompió a llorar. De verdad, como una anciana, sin dramatismo. Pero Natalia ya no se sentía culpable. Solo fatiga.

Un mes después, Andrey solicitó el divorcio. Sin escándalo. Sin quejas. Comprendió que no había nada por lo que luchar. En la vista, permaneció sentado con la mirada baja. Natalia miró al frente. El juez leyó rápidamente la decisión. Sello. Firma. Fin.

Al salir del juzgado, Andrey se detuvo.

"Has cambiado."

Natalia sonrió levemente.

"No. Simplemente ya no te sirvo."

Quiso decir algo, pero no encontró las palabras.

Antonina Stepanovna pronto se mudó con su hermana a otra ciudad. El apartamento permaneció vacío; el mismo, el de lujo. Natalya no pudo entrar durante mucho tiempo. Un día llegó, se quitó los zapatos, caminó descalza por el suelo frío y se dio cuenta: este apartamento no era para ellos. Era para ella.

Lo alquiló. Usó el dinero para ampliar la panadería. Compró equipo nuevo. Abrió otro local. Los trabajadores la miraban con respeto. Ahora, con verdadero respeto.

Algunas mañanas, al salir de casa, Natalya podía oler el pan recién hecho incluso antes de llegar a la panadería. Y nunca más se avergonzó de ese olor.

Porque era su vida.

Su fuerza.

Su libertad.

Y aquellos que una vez dijeron: «Sin ti»,

se quedaron allí, sin ella.

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