"¡Necesito casarme en 10 minutos!": Su prometida huyó, y él le rogó a la chica de la limpieza que ocupara su lugar. Lo que empezó como un contrato millonario terminó revelando una verdad que te hará llorar...

"¿Qué voy a hacer?"
Y justo en ese momento, una aspiradora zumbó en el pasillo, cortando de raíz su pánico.
La realidad seguía moviéndose.

El carrito de limpieza en la puerta
La puerta de la suite estaba entreabierta. Un carrito de limpieza pasó rodando y luego se detuvo, como si quien lo empujaba hubiera sentido la puerta abierta como un tirón. Una mujer menuda con uniforme gris de hotel se inclinó con cautela, manteniendo una postura respetuosa.

Se llamaba Sarah Mitchell y no quería estar allí hoy. Los días de boda significaban el doble de trabajo, invitados exigentes y decoraciones que brillaban como problemas. Pero necesitaba horas extras, porque su abuela, June, la esperaba en un pequeño apartamento en Evanston, y la medicación para la artritis no se amortizaba.

Sarah habló en voz baja, profesional pero cuidadosa.
"Disculpe. Estoy aquí para sacar la basura y hacer la última revisión. ¿Puedo pasar?"
Una voz le respondió bruscamente desde dentro, áspera, pero sin control.
"Pase."

Empujó el carrito con la mirada baja y se detuvo en seco. Miles Carter parecía alguien que hubiera caído en un desastre con un esmoquin puesto. Estaba pálido, sudando, mirando la alfombra persa como si esta pudiera responderle.

La pregunta que no esperaba
Sarah olvidó el protocolo por un segundo, porque sus instintos eran más antiguos que las reglas del hotel.

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