Más tarde esa noche, se encontró con su padre. Estaba disgustado, pero más preocupado por su bienestar. Sus ojos reflejaban preocupación y ternura.
"Nina, querida", dijo en voz baja, "¿estás bien? Todo ha ido... ¿sin consecuencias graves?"
Nina asintió, intentando controlar sus emociones.
"Sí, papá... todo está bien", respondió. "Fue una prueba inesperada, pero la superé".
Su padre la miró un buen rato y luego le tomó la mano.
"Te has vuelto más fuerte de lo que pensaba", dijo con una leve sonrisa. "Juntos podemos con todo".
Estas palabras le reconfortaron el corazón. Comprendió que su vida ahora era más que una simple celebración de boda y vestidos hermosos, sino también la capacidad de actuar en situaciones críticas, de protegerse a sí misma y a sus seres queridos.
En los días siguientes, Nina intentó dar sentido a lo sucedido. Recordó cada momento: la mirada de Greg, su frío roce bajo la mesa, las palabras de Mikhail, el temblor que sintió al cambiarse las copas. Se dio cuenta de que su mundo interior había cambiado. Se había vuelto más atenta, más cautelosa, preparada para lo inesperado.
Pero al mismo tiempo, sintió un extraño alivio. La vida le había dado la oportunidad de protegerse, y la había aprovechado. Sabía que se avecinaban dificultades, pero ahora estaba lista para afrontarlas.
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