Ninguna criada duraba con la nueva esposa del multimillonario… hasta que una nueva criada hizo lo imposible

Olivia Hernández, la nueva esposa del magnate mexicano, estaba de pie con un vestido azul brillante que reflejaba la luz del sol filtrándose por los ventanales altos, los ojos encendidos de furia, y la mano aún apoyada en la mejilla de una joven criada con un uniforme impecable azul y blanco. La criada —Isabela Rivera— se estremeció, pero no se apartó.

Detrás de ellas, dos empleados veteranos permanecieron paralizados por la sorpresa. Incluso Don Ricardo Salinas, el propio multimillonario, se detuvo a mitad de la escalera curva de cantera, con el rostro incrédulo.

Isabela tenía las manos temblorosas mientras estabilizaba la bandeja de plata que había estado llevando momentos antes. Una taza de té de porcelana yacía hecha pedazos sobre la alfombra persa, y apenas unas gotas habían caído sobre el borde del vestido de Olivia.

—Tienes suerte de que no haga que te echen ahora mismo —siseó Olivia con voz cargada de veneno—. ¿Sabes cuánto cuesta este vestido?

El corazón de Isabela latía con fuerza, pero su voz fue serena:

—Lo siento, señora. No volverá a ocurrir.

—¡Eso mismo dijeron las últimas cinco criadas antes de irse llorando! —espeto Olivia—. Tal vez debía apresurar tu salida.

Don Ricardo finalmente llegó al último escalón, la mandíbula tensa:

Para ver las instrucciones de cocción completas, ve a la página siguiente o haz clic en el botón Abrir (>) y no olvides COMPARTIRLO con tus amigos en Facebook.