“NIÑO, TE DOY 10 MILLONES SI LO RESUELVE EN 1 MINUTO”, DIJO EL MILLONARIO COMPLACE… PERO EL NIÑO ASOMBRÓ A TODA LA SALA…
Y sin nadie que lo reclamara, Davi se convirtió en un número perdido en un sistema saturado.
Aquella tarde, Davi había entrado al auditorio solo para recoger reciclables del simposio de innovación farmacéutica. Cuando vio la pizarra, su corazón se aceleró. Reconoció la ecuación como a un viejo amigo.
Se acercó un poco más.
Entonces, la puerta se abrió con violencia.
—¡Fuera de aquí! —gritó Álvaro, señalándolo con desprecio.
Davi retrocedió.
Pero el empresario, embriagado por su propio poder, decidió hacer un espectáculo.
—Esperen… —dijo sonriendo—. Hagamos esto interesante.
Y lanzó el desafío.
Las risas lo atravesaron como cuchillas.
Davi bajó la mirada. Dio media vuelta.
Pero algo dentro de él se quebró.
No era rabia.
Era claridad.
Levantó la mano.
El auditorio quedó en silencio por un segundo… y luego volvió a reír.
—¿Tú? —dijo Álvaro—. Tienes un minuto.
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